Sueño Federico García Lorca
ODA AL VERANO DE PABLO NERUDA
Verano, violín rojo,
nube clara,
un zumbido
de sierra
o de cigarra
te precede,
el cielo
abovedado,
liso, luciente como
un ojo,
y bajo su mirada,
verano,
pez del cielo
infinito,
élitro lisonjero,
perezoso
letargo
barriguita
de abeja,
sol endiablado,
sol terrible y paterno,
sudoroso
como un buey trabajando,
sol seco
en la cabeza
como un inesperado
garrotoazo,
sol de la sed
andando
por la arena,
verano,
mar desierto,
el minero
de azufre
se llena
se llena
de sudor amarillo,
el aviador
recorre
rayo a rayo
el sol celeste,
sudor
negro
resbala
de la frente
a los ojos
en la mina
de Lota,
el minero
se restriega
la frente
negra,
arden
las sementeras,
cruje
el trigo,
insectos
azules
buscan
sombra,
tocan
la frescura,
sumergen
la cabeza
en un diamante.
Oh verano
abundante,
carro
de
manzanas
maduras,
boca
de fresa
en la verdura, labios
de ciruela salvaje,
caminos
de suave polvo
encima del polvo,
mediodía,
tambor
de cobre rojo,
y en la tarde
descansa
el fuego,
el aire
hace bailar
el trébol, entra
en la usina desierta,
sube
una estrella
fresca
por el cielo
sombrío,
crepita
sin quemarse
la noche
del verano.
martes, 18 de junio de 2013
sábado, 8 de junio de 2013
Una mañana fuimos a la playa de Alfacar.
- Esta noche haré té de lágrimas - dijo -.
Puso la tetera en sus piernas.
- Ahora - dijo -, comenzaré.
Se quedó muy quieto en su silla y se puso a pensar en cosas tristes.
- Sillas con las patas rotas - dijo Búho -.
Los ojos se le llenaron de lágrimas.
- Canciones que no se pueden cantar - dijo Búho -, porque las letras han sido olvidadas.
Búho comenzó a llorar. Una gran lágrima rodó por su mejilla y cayó en la tetera.
- Cucharas que han caído detrás de la estufa y nunca más serán encontradas - dijo Búho -.
Más lágrimas cayeron en la tetera.
- Libros que nunca más podrán ser leídos - dijo Búho -, porque algunas páginas les han sido arrancadas.
- Relojes que se han detenido - dijo Búho -, y no hay nadie cerca para darles cuerda.
Búho estaba llorando. Grandes lagrimones caían dentro de la tetera.
- Amaneceres que nadie vio porque todo el mundo estaba durmiendo - dijo Búho sollozando -.
- Puré de papas abandonado en un plato porque nadie quiso comérselo - dijo llorando -. Y lápices que son demasiado cortos para escribir con ellos.
Búho pensó en muchas otras cosas tristes.
Lloró y lloró.
Pronto, la tetera estuvo llena de lágrimas.
- Bueno - dijo Búho -, ¡ya estamos listos! Búho paró de llorar. Puso a hervir la tetera sobre la estufa para hacer té.
Búho se sintió contento mientras llenaba su taza.- Está un poco salado - dijo -, pero el té de lágrimas siempre cae muy bien.



































